AMOR EN EL SIGLO XXI

Todos andan en su búsqueda, a todos trae de cabeza, todos suspiran por él, a todos hace sufrir y todos hablan de él, pero solo unos cuantos afortunados lo conocen en su verdadera y auténtica forma. Definir el amor de pareja es tarea casi imposible y más en estos tiempos, por lo cual no dejo de considerar toda una osadía por mi parte meterme en estas honduras. Sin embargo, gustosamente me adentraré en semejante lío, pues carezco de ese sentimiento que muchos llaman “miedo”. Y además, ¿por qué no? Al fin y al cabo humana soy también y desde la experiencia propia y la ajena aprendo y puedo hablar.

Definiciones de este amor hay tantas como personas en el planeta, o al menos eso defiende la mayoría. Sin embargo, desde mi personal percepción, ese es el mayor error de todos, pues sí que debe existir una definición que encaje a la perfección con semejante bello sentimiento. Sí debe haber una sensación compartida, pues todos somos humanos, aunque con matices, los propios de cada individuo, pero sobre la base de la pureza, la transparencia y la luminosidad. Sí, y digo SÍ, el concepto del amor pueda sobrecogernos a todos cuando menos lo esperamos en la vida, por sorpresa, con un claro destello fácilmente identificable por todos, a pesar de que luego cada cual le dé su sello personal. Y resulta que estaba en lo cierto, que verdaderamente existe, y es a ello a lo que me propongo darle vida en este escrito.

Ver estos días a tantas parejas encerradas en sus casas en este año que recordaré siempre como el año del confinamiento, el año de las mil posibilidades, de las oportunidades en las manos, el año de las sensaciones interiores, de la recuperación profunda de la calma y el más auténtico equilibrio  (si cada uno quiere y realmente está dispuesto a ello, claro), me ha hecho recapacitar sobre lo que en la actualidad muchos llaman amor, pero que en realidad nada tiene que ver con ese precioso concepto. Me atrevería a decir que incluso esas mismas parejas que dicen amarse, en el fondo no lo hacen y ellos mismos lo saben. La pena surge en mi interior cuando veo como ese concepto es desdoblado, desvirtuado y hecho añicos por aquellos que creen saber lo que el amor es, cuando en realidad ni siquiera se han parado a pensar qué era antes de embarcarse en una relación, un matrimonio, unos hijos, una familia y un largo etcétera que luego, en momentos de crisis como los actuales, cuando más a prueba son puestos, quedan más que en evidencia por la falta de lazo interior entre sus integrantes.  

Gritos, peleas y discusiones de todo tipo en el empiece de una década que, personalmente, creo que marcará todo una era. Cuando más significativo tenía que ser el amor y más claro debía ser su concepto y su idea, muchos más corazones de los que pensábamos parecen estar enfermos, supurando todo aquello para lo que nunca se dieron el tiempo y la paciencia necesaria. En un momento en el que las palabras de amor, de bondad y afecto son más necesarias que nunca, muchos humanos se empeñan en desbaratar el concepto y trasmitir con ello una idea falsa de lo que el amor es para los que le rodean. ¿No sería más sensato aprovechar todo este tiempo que estamos a solas con nosotros mismos para recapacitar sobre ello y rectificar si fuera necesario? ¿No será que las segundas oportunidades vienen de la forma que menos esperábamos?

Y es que el amor de pareja debería ser entendido como un concepto puro, diáfano, nítido en todas sus aristas, sin dobleces, un concepto que, tan dual como duales son sus integrantes, entraña toda la física y la química del mundo, una potente fórmula que, sentida de esta manera por ambas partes de la afortunada pareja, les hace libres y cautivos al mismo tiempo el uno del otro. Es así que, a simple vista, intentar dar una única definición de un concepto tan hablado, tan soñado y tan deseado, pero tan poco alcanzado, o alcanzado sólo por unos pocos tal como yo lo presento, se hace peliagudo cuando menos, y más en esta época. Lo sé, pero desde mi humilde punto de vista, amar va mucho más allá de la química y la afinidad inicial que dos personas puedan sentir la una por la otra, porque amar implica sobre todo sentir admiración, respeto, comprensión, inmensidad, ternura, entre otros muchos infinitos más.  Amar es conectar. Una conexión mental, psíquica y espiritual que tiene como una de sus últimas expresiones la fuerza de la pasión física, pero que no solo se queda ahí. Va más allá, envolviendo a los que tienen la fortuna de sentir tan dichosa gracia en una ola de infinita paz; paz de amar con toda la fuerza del propio ser y de saberse amado al mismo tiempo, paz por la recompensa de haber esperado el tiempo perfecto para que todo suceda, sin apresurar nada, y paz por la inmensidad de su sensación y el poder compartirla con el otro que siente igual. ¿No te parece que la vida te está presentando el momento ideal y propicio para trascender y entender las cosas desde perspectivas más puras y profundas? Piénsalo…tiempo tenemos.

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