Cómo sanar el pasado

A medida que atiendo a más y más gente, me doy cuenta de que el pasado es la piedra angular de una gran mayoría. Bombardeados constantemente con vivir el aquí y el ahora, en una absurda sociedad de la inmediatez, mezclado todo ello con cientos de recetas ridículas sobre cómo conseguir la felicidad en “cinco sencillos pasos”, no es de extrañar que cualquier existencia se haga más cuesta arriba aún.

No nos damos tiempo a procesar lo vivido y a aprender de las experiencias. No hay tiempo para tomar conciencia de lo ocurrido y ver cómo esa herida se ha creado en nuestro interior. Y así, no me sorprende gran parte de lo que tenemos encima.

Por mucho que queramos restarle importancia y por más que nos cueste revivir experiencias poco positivas y tormentosas, lo cierto es que ignorar y no afrontar los problemas y su relevancia, dejándolo todo para otro momento, no hace sino agrandar el asunto. Y al final, la única verdad es que el problema sigue ahí.

Está claro que cerrar heridas del pasado no es para nada una tarea fácil, pero si realmente queremos sanar el corazón, la mente y nuestro interior, no tenemos más remedio que volver a experimentar lo sucedido y analizarlo cuidadosamente. Como Herófilo, diseccionar paso por paso todo el proceso, entendiendo su curso, su desarrollo y su evolución; es decir, debemos analizar y entender cómo se creó el problema, cómo se llegó a esa situación, cuáles fueron las posibles soluciones y de todas ellas cuál se escogió para el desenlace, cómo se cerró el asunto, qué alternativas existían entonces y qué se podía haber mejorado, entre otras muchas cuestiones.

Las heridas que el pasado nos deja surgen cuando una situación personal se ha vivido y experimentado solo, sin compañía ni apoyos, y sin una resolución positiva, constructiva o eficiente de la misma. De esta manera, lo que el pasado nos arroja es una experiencia traumática, angustiosa y sin resolver o lo que es aún peor, cerrada en falso. Además, cada ser humano experimenta estas situaciones de una forma completamente distinta, de manera que la forma en que afrontamos lo sucedido tiene un enorme peso a la hora de formarse una herida emocional de un tipo u otro; así, hay unas heridas más intensas que otras, algunas más abrumadoras, otras incluso asfixiantes y un largo etcétera.

En cualquier caso, el resultado siempre es el mismo: un dolor agudo difícil de sobrellevar y un corazón hermoso pero cerrado a cal y canto. Sí. La persona se cierra literalmente al mundo, el alma estrangulada. De alguna forma, todas las capacidades y las aptitudes de la persona se ven mermadas bajo una larga sombra que ella misma ha creado. Las experiencias traumáticas parecen grabarse a fuego en nuestra mente; así surge el dolor y con ello la herida emocional. Un círculo perfecto, pero destruible.

Para ello, lo primero es entender y tomar plena y absoluta conciencia de cómo se formó la herida, es decir, qué hechos o sucesiones de ellos la desencadenaron. Aparentemente fácil, pero muy doloroso en el fondo, la liberación sólo vendrá al recordar y revivir las situaciones y circunstancias al caso. Después de esto, viene una etapa igualmente complicada, donde la persona debe comprender que gran parte de sus acciones actuales vienen motivadas y activadas por esa herida del pasado. Lo importante aquí es recordar que ya no hay que tener miedo porque esa circunstancia que nos acechaba ya no lo hace. Evitar las resistencias al cambio y a la aceptación de los hechos junto con el acto de perdonar – a nosotros y al otro- por lo acontecido, harán el resto del camino.

Indudablemente y aunque nos cueste, para todo esto necesitamos tiempo, distancia y una gran dosis de valentía y coraje. Mucho me temo que los fantasmas del pasado sólo se borran haciéndoles frente y plantándoles cara. Es imposible llevar una existencia tranquila con uno mismo sin liberarse de estas dolorosas cargas y créeme, la única forma que existe es el autodesafío. Pero no temas, debes sentirte orgulloso de ti mismo por ello. No todo el mundo tiene el arrojo necesario y de ahí las diversas existencias humanas atormentadas. Y estoy segura de que tú, en tu fuero interno, no quieres ser una de ella…

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