El amor no es para cobardes

Desde mi humilde punto de vista y según mi propia experiencia, hace falta mucho valor en el juego del amor, tanto para amar como para dejarse amar. Yo diría que básicamente, ese es el auténtico secreto del amor: la valentía. Sin embargo, no paro de asomarme a infinitos muros absurdos, a enormes paredes levantadas todas ellas desde los rincones más oscuros de los corazones, y todo única y exclusivamente con tal de evitar la entrega. Y la verdad, no me queda muy claro aún que es lo que piensa la mente que el alma va a perder con ello.

Es muy difícil en consulta ayudar partiendo de estas premisas. Es muy difícil andar por la calle sabiendo lo que tantos corazones esconden. Y es muy difícil lidiar con semejantes tacaños. ¡Por Dios, con la cantidad de gente que aparentemente atormentada grita a los cuatro vientos su falta de amor! Pero claro, una luego se fija más en el tema y resulta que estos gritos desesperados vienen del arrojo que da la comodidad de una silla y una fría pantalla de ordenador, así como el ficticio anonimato de las redes sociales. Repito: ficticio. Luego ya el cara a cara y la frescura de las salidas espontáneas son otra cosa.

Los participantes del juego se muestran un poco obtusos -por llamarlos de alguna manera-, ya que no entienden que, sin la entrega necesaria, los sinsabores y la amargura no son sólo para el supuesto ser amado, sino que tiempo después también recaerán encima de ellos mismos como una losa. Muy corto de miras hay que ser. No expresan, no saben reaccionar a tiempo, no se abren, no son transparentes en sus sentimientos… Llenos de miedos e insatisfechos con ellos mismos y con sus vidas, sin poder mirarse al espejo con soltura, se mienten a sí mismos diciendo que lo dan todo. Qué horror; mentirse a uno mismo. Pero a dónde hemos llegado…

Luego las redes sociales se llenan de “atrevidos”, de “intrépidos y valientes” que divagan sobre cuán solos se sienten y cómo es el horror de vivir en soledad porque no tienen pareja. Las respuestas no se hacen esperar. Sabiduría popular y frases manías para solventar problemas de raíces profundas. ¿Se habrán preguntado acaso estos “incomprendidos” si lo están haciendo correctamente, o el ego no les deja ver más allá de sus propias narices? ¿Han dado todo lo que han podido dar o solo han esparcido migajas para luego poder tener derecho a entonar el mea culpa? ¿Pero saben? Me contaron una vez que uno a sí mismo no puede engañarse, y el resto de la historia creo que ya la conocen.

Supongo que amamos tal como nos han enseñado a hacerlo desde que éramos pequeños. En mi casa faltaron muchas cosas, como en todas, pero sí me enseñaron qué es el amor verdadero. Sí me enseñaron a ser yo misma, a dar y a entregar a manos llenas y a no preocuparme del entendimiento o no por parte del otro al respecto. Si no saben dar, mucho menos recibir, pero eso nunca ha sido ni será asunto mío. Sí me enseñaron a vivir después de todo y sí me dieron las herramientas que hoy necesito para levantarme cada mañana.

Y me alegro. Me alegro muchísimo. No sólo soy capaz de crear vínculos potentes e inolvidables, sino que además hoy soy honrada con la capacidad de mostrar a los demás cómo hacerlo, cómo dar, cómo entregarse sin miedo independientemente de lo que pueda pasar. No podía haber tenido misión ni tarea más hermosa que esa aquí abajo. Si quieren un consejo, amar engrandece, no empobrece ni te hace más pequeño. Amar es un acto de valentía y de generosidad. Y si no lo prueban, nunca sabrán lo que es la auténtica magia. ¿Y no es magia lo que siempre han querido para sus vidas?

2 comentarios en «El amor no es para cobardes»

  1. Gracias por este lúcido alegato de la ética del amor. Sí. estoy de acuerdo, hace falta mucho valor (en el doble sentido de la palabra) en el juego del amor, incluso cuando el juego del amor deja de serlo y se transforma en algo más serio, menos divertido, nada lúdico. El amor es recreativo y re-creativo. Para que el amor dé juego hay que respetar sus reglas. Como en todo juego, algunas veces se gana y otras se pierde. Perder resulta siempre doloroso. Ganar es a veces cuestión de suerte; es el caso de los afortunados del amor.
    Coincido con usted cuando afirma que «amar es un acto de valentía y de generosidad». También en lo de que el amor es la auténtica magia (¿oxímoron?), a condición de que sea una magia sin trucos. En los dos casos, en el amor y en la magia, hay mucho de ilusión (y de desilusión).
    Su misión y su tarea aquí abajo es hermosa, le felicito.

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